domingo, 22 de marzo de 2015

El mercader de Venecia

El mercader de Venecia
Esta comedia en cinco actos, en verso y prosa, de William Shakespeare fue escrita, según algunos, en 1594 (alusión en el acto IV, escena I, a la ejecución del judío Rodrigo López el 17 de junio de 1594, bajo la acusación de haber intentado envenenar a la reina Isabel); según otros, sobre todo por consideraciones de estilo, en otoño del 1596. Las dos fechas podrían conciliarse suponiendo una revisión por parte de Shakespeare. Fue publicada en cuarto en 1600 y en folio en 1623.
Los dos motivos principales del argumento, el del préstamo hecho por un judío a un cristiano por una libra de carne, y el de una elección entre objetos de aparentemente distinto valor, son antiguos y recurrentes. El primero llegó a conocimiento de Shakespeare por medio de Il Pecorone de Giovanni Fiorentino (escrito hacia 1318 y publicado en 1558), y, para el detalle del rapto de la hija del usurero, por medio de Zelauto (1580), relato de Anthony Munday (1553-1603).
El segundo motivo le vino por medio de la versión de Richard Robinson de los Gesta Romanorum (publicada según parece en 1517). Los dos motivos pudieron encontrarse reunidos en un drama preexistente, El Hebreo (1578), que sólo conocemos indirectamente (su argumento era "la codicia de los que prefieren los bienes terrenos y el alma sanguinaria de los usureros"). Shakespeare refundió probablemente este drama, conservando de él alguna parte, quizá los versículos contenidos en los cofrecillos.
Basanio, noble veneciano que ha malgastado su caudal, pide al rico mercader Antonio, amigo suyo, tres mil ducados para poder continuar dignamente su noviazgo con la rica heredera Porcia, que vive en tierra firme, en Belmonte. Antonio, que ha empleado todo su dinero en especulaciones de ultramar, se propone hacerse prestar el dinero por Shylock, usurero judío a quien antes había insultado por la usura que ejercía. Shylock consiente en prestar el dinero bajo una condición: si la cantidad no es pagada el día fijado, Shylock tendrá derecho a tomarse una libra de carne del cuerpo de Antonio.

Al Pacino interpretó a Shylock
en El mercader de Venecia (2004)
Porcia, por disposición testamentaria de su padre, se casará con el pretendiente que entre tres cofrecillos (uno de oro, uno de plata, otro de plomo) escoja el que contenga el retrato de ella. De todas partes llegan ilustres aspirantes; fracasan el príncipe de Marruecos y el de Aragón, que abren respectivamente el cofre de oro y el de plata; pero Basanio, con sensata reflexión, escoge el buen cofrecillo, el de plomo, y se casa con Porcia, que lo ama, y su amigo Graciano con la doncella de Porcia, Nerisa.
Mientras tanto llega la noticia de que los navíos de Antonio han naufragado, que su deuda no ha sido pagada dentro del plazo convenido, y que Shylock pide su libra de carne. El asunto es llevado ante el Dux. Porcia se disfraza de abogado y Nerisa de escribano y, sin saberlo sus maridos, se presentan ante el tribunal para defender a Antonio.
Después de haber intentado en vano obtener el perdón del judío, ofreciéndole el triple de la cantidad debida, Porcia solicita que sea concedida la petición del hebreo, pero le advierte que perderá su vida si derrama una sola gota de sangre, puesto que la obligación sólo le da derecho a la carne. Argumenta después que Shylock debe pagar con la vida el delito de haber atentado, siendo extranjero, contra la vida de un ciudadano de Venecia.
El dux perdona a Shylock la vida, pero asigna la mitad de sus riquezas a Antonio, y la otra mitad al Estado. Antonio renuncia a su parte si Shylock se hace cristiano, y deja su caudal, cuando muera, a Jésica (hija de Shylock), que ha huido, después de haber tomado dinero de los cofres del padre, para casarse con un cristiano, Lorenzo, y por ello ha sido desheredada. Shylock acepta; Porcia y Nerisa, que no han sido reconocidas, piden por toda paga los anillos que Basanio y Graciano recibieron de sus esposas, y de los cuales prometieron no separarse nunca. Ellos los ceden después de haber resistido en vano. Al regresar a su casa sus esposas les reprueban aquella acción, pero al fin les revelan su añagaza. Finalmente se sabe que tres de los buques de Antonio han regresado sanos y salvos.
El drama figura entre los más famosos y afortunados de Shakespeare, sobre todo por el personaje de Shylock, trazado con robustez y veracidad y que ha movido siempre a los grandes actores a representarlo. Tiene escenas que figuran entre las más dramáticas y brillantes que Shakespeare escribió: la escena del contrato (I, 3); aquella en que Shylock se lamenta por la fuga de su hija con su dinero (III, 1); la de la elección de los cofrecillos por parte de Basanio (III, 2); la escena ante el tribunal de justicia (IV, 1); y la de la música al claro de luna (V, 1). En fin, la habilidad con que Shakespeare ha combinado motivos diversos y pintorescos y la conclusión del drama, que celebra la victoria de la caridad sobre la rígida justicia (motivo que Shakespeare volverá a tratar en Medida por medida), han ejercido su hechizo en el público teatral de todas las épocas.
Algunas incongruencias y prolijidades del drama casi desaparecen en la fiel construcción del conjunto. Se ha llamado la atención acerca de la atmósfera de la obra, que tiene carácter italiano no sólo por los nombres de los personajes y alguna alusión precisa (mención del Rialto, pontón que une a Venecia con la tierra firme, y de la exacta distancia entre Belmonte, esto es, Montebello, y Padua), sino también por cualidades más generales que han hecho ver a un crítico (A. Quiller-Couch) los dos aspectos del Renacimiento, el mundo de los ricos mercaderes y el refinamiento artístico de las costumbres, simbolizado por Venecia y Belmonte; una atmósfera italiana que no tiene en modo alguno la calidad siniestra de los dramas isabelinos.
Aunque el tema central (la extracción de la libra de carne) sea tan cruel y trágico, Shakespeare hábilmente distrae de él al espectador mediante las escenas que se desenvuelven en la villa de Porcia; de manera que, por ejemplo, después de la escena culminante del proceso, que dejará una impresión fuerte y amarga, podemos deleitarnos en la sublime poesía de la noche lunar, con la música y el diálogo de los amantes.

Ricardo III

Ricardo III
Este drama histórico en cinco actos, en prosa y en verso fue escrito por Shakespeare hacia 1593 e impreso en in-cuarto en 1597, 1598, 1602, 1605, 1612, 1622, y en in-folio en 1623. Los hechos históricos están casi todos tomados de las crónicas de Edward Hall o Halle (La unión de las dos nobles e ilustres familias de Lancaster y de York, 1548) y de Raphael Holinshed, ambas basadas, a su vez, en las Anglicae Historiae (1534) de Polidoro Virgili de Urbino (1470-1555?), y en la incompleta Historia del rey Ricardo Tercero (1513), atribuida a Thomas More.
En el centro del drama se halla el personaje del usurpador Ricardo, duque de Gloucester, aparecido ya en Enrique IV. Ricardo, escondiendo bajo benignas apariencias sus diabólicos planes, hace que su hermano Eduardo IV sospeche del otro hermano, Jorge, duque de Clarence, y lo ponga en prisión; luego hace que sus sicarios lo maten y arrojen a una cuba de malvasía. Ricardo corteja a Ana, viuda de Eduardo, príncipe de Gales, en tanto ella sigue al féretro de su difunto marido, episodio que hace pensar en la famosa situación de la matrona de Éfeso en elSatiricón de Petronio, porque Ana, después de haber insultado a Ricardo, cede a sus pretensiones de amor.
Muerto Eduardo IV, Ricardo, convertido en protector del reino durante la minoría de edad de Eduardo V, conspira para usurpar el trono. Recluye al joven rey con su hermano Ricardo en la Torre de Londres, y con la ayuda del duque de Buckingham se hace proclamar rey. Hace asesinar en la Torre a los hijos de Eduardo IV, y quita de en medio a los pares no partidarios suyos: Hastings, Rivers y Grey.

Lawrence Olivier en Ricardo III (1955)
Para fortalecer su posición, el usurpador repudia a Ana para casarse con su joven sobrina, Elisabeth de York, hija de Eduardo IV, y, en una escena parecida a la de la conquista de Ana, persuade a la viuda de Eduardo IV, la reina Elisabeth, a consentir en el matrimonio. El duque de Buckingham se rebela ante la ingratitud de Ricardo, declarándose por el conde de Richmond, pero es capturado y condenado a muerte. Por fin las tropas del usurpador combaten con las de los rebeldes en Bosworth (1485) y Ricardo, después de una noche atormentada por la espantosa visión de sus víctimas que se le aparecen (escena que no se cree de Shakespeare), es muerto en la batalla. Richmond asciende al trono con el nombre de Enrique VII.
Entre las mejores escenas figura aquella en que la vieja reina Margaret, viuda de Enrique VI, maldice a los demás personajes del drama, culpables de la pérdida de su marido y de los suyos; sus maldiciones, según muestra el desarrollo del drama, se cumplen, por lo que la figura de la anciana cobra casi la categoría de una Erinia. El estilo es amanerado y retórico, con repeticiones de comienzos de versos y otros artificios, tales como invectivas e imprecaciones. De un extremo a otro lo recorre como motivo dominante la palabra "sangre". El carácter de Ricardo, aunque poco sutil, resulta muy vigoroso.
Psicología y estilo han parecido demasiado elementales para ser de Shakespeare, pero la obra muy bien puede ser suya, si se piensa no en el Shakespeare de las grandes tragedias de la madurez sino en el de las primeras tentativas, todavía influidas por sus predecesores, sobre todo por Christopher Marlowe (1564-1593). El episodio de la muerte de los jóvenes hijos de Eduardo, narrado por un personaje que ejerce la función del mensajero de la tragedia clásica, es famoso, y sugirió un cuadro muy notable de Paul Delaroche (1797-1856). Es también famosa la exclamación de Ricardo, que busca una nueva cabalgadura en la batalla de Bosworth: "Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo".

La vida y la muerte del rey Juan

La vida y la muerte del rey Juan
Este drama histórico en cinco actos y en verso fue refundido por Shakespeare a partir de un drama preexistente, El turbulento reinado del rey Juan, publicado en dos partes en 1591. La revisión, que Shakespeare marcó con su superior genio dramático y poético, se hizo quizás en 1596-97 y no se imprimió hasta el infolio de 1623.
El drama, que no sigue con demasiada fidelidad los acontecimientos históricos (es extraño, por ejemplo, que no se cite la Carta Magna de 1215), trata los principales episodios del reinado del tiránico y astuto Nerón inglés, especialmente la eliminación de su joven sobrino Arturo; en una de las escenas más vigorosas (la tercera del acto tercero), el rey excita a Humberto de Burgh a que lo quite de en medio, porque se cruza en su camino hacia el poder.
Humberto se apresta a privar a Arturo de la vista con hierros candentes, pero el joven, en una escena patética (IV, 1) consigue conmoverlo; sin embargo, más tarde, Arturo se mata al saltar los muros del castillo. El dolor de Constanza, madre de Arturo, ante la noticia del encarcelamiento de su hijo está reflejado con mucha eficacia, y los últimos instantes del rey Juan, en Swinstead Abbey, están pintados de modo que mitigan la odiosidad del protagonista.
Pero el personaje más notable del drama es quizás el bastardo Felipe Faulconbridge, en quien se resume el espíritu de intriga, aventura y avidez de poder que domina el drama. Su hermano Roberto intenta promoverle un proceso con motivo de su patrimonio, y ello le hace reconocer precisamente como hijo natural de Ricardo Corazón de León.
El drama, aunque poco notable desde el punto de vista literario, ha disfrutado siempre de mucho éxito en los escenarios ingleses, especialmente por tratar el conflicto entre la monarquía inglesa y el papado, y ofrece momentos dramáticos de efecto y posibilidades de poner en escena costumbres pintorescas. Su principal interés crítico radica en la posibilidad que nos ofrece de estudiar de cerca la técnica de Shakespeare, pues es el único drama del que se conserva la redacción anterior a la shakesperiana.

Tito Andrónico

Tito Andrónico
Esta tragedia en cinco actos en verso es debida en parte a William Shakespeare, que debió de empezarla hacia 1593-94; fue publicada in-quarto en 1595, 1600 y 1611, e infolio en el año 1623. Edward Ravenscroft, en 1687, refirió una tradición teatral según la cual este drama se debía a un autor ajeno a la compañía, y Shakespeare "dio tan sólo unos magistrales retoques a dos de los principales personajes". El desconocido autor revela la influencia de Thomas Kyd (1558-1594) en el uso de horrores, mixtificaciones, y episodios de locura; de Christopher Marlowe (1564-1593) en la concepción del carácter de Arones que recuerda a Barrabás, el protagonista de El judío de Malta; y de George Peele (1558-1598) en el estilo.
Es difícil reconocer los retoques de Shakespeare. W. W. Greg imaginó una ingeniosa hipótesis, según la cual la versión corregida por Shakespeare, que autorizó la inserción del drama en la lista de sus obras que se encuentra en Palladis Tamia de Francis Meres (compilada antes del septiembre de 1598), fue destruida en el incendio del Globe Theatre (1613), y fue sustituida por la versión primitiva, añadiéndose de memoria la escena segunda del acto III, donde había rasgos shakesperianos.
Sólo se han encontrado temas lejanamente afines al argumento del drama, aunque es probable que su fuente sea una mala interpretación de crónicas bizantinas relativas al emperador Andrónico Comneno (siglo XII) y a la reina de Georgia, Thamar, más o menos contemporánea suya.
El general romano Tito Andrónico, tras vencer a los godos, y capturar a la reina Tamora junto con sus hijos Alarbus, Demetrius y Chiron, además del moro Aarón, amante de la reina, regresa a Roma mientras están disputándose el trono imperial Saturninus y su hermano Bassianus. Los romanos quisieran elegir a Tito Andrónico, pero él les persuade a que nombren a Saturninus.

Anthony Hopkins en Titus (1999),
filme basado en Tito Andrónico
Bassianus rapta a Lavinia, hija de Andrónico, a la que Saturninus pretendía por esposa. Más tarde Saturninus, enamorándose de Tamora, se casa ron ella. Mutius, hermano de Lavinia, asistió a su rapto y por ello su padre Tito le mata. Es éste el principio de las desgracias que se acumulan sobre su cabeza, por la sed de venganza de Tamora, que quiere castigar a los andrónicos por la muerte de su hijo Alarbus, sacrificado sobre la tumba de los hijos de Andrónico muertos en la guerra, y por la maldad del moro Aarón.
Durante una cacería, persuadidos por el moro, Demetrius y Chiron matan a Bassianus y luego violentan a Lavinia, y le cortan la lengua y las manos. Del asesinato de Bassianus acusan a Quintus y Martius, hijos de Tito, y éstos son condenados a muerte por el emperador. Aarón juega a Tito una siniestra burla: le dice que si se corta una mano y la envía al emperador, éste concederá la gracia a sus hijos; pero a Tito le devuelven las cabezas de sus hijos junto con su mano cortada. Lucius, otro hijo de Tito, es desterrado y sale para reclutar un ejército entre los godos, mientras Tito, sediento de venganza, simula enloquecer.
Mientras tanto Tamora da a luz un niño moro, que Aarón se ve obligado a llevar lejos de Roma; Lucius lo captura y Aarón, haciéndose prometer que nada pasará a su hijo, le revela con sádico placer todas las maldades tramadas en perjuicio de su familia. A la noticia de la llegada del ejército godo de Lucius, Tamora con sus dos hijos va a casa de Tito, que ella cree loco, diciendo que es la Venganza, y tratando de persuadirle a hacer de manera que Lucius celebre una entrevista con el emperador.
Tito, que descubre el engaño, simula consentir y retiene en su casa, como rehenes, a los hijos de Tamora. Acto seguido los mata y con sus cabezas prepara unos platos que ofrece en el banquete en honor del emperador. En una matanza final, Tito mata a Lavinia, como Virginio matara a su hija, cuyo honor habla sido manchado; Tamora come sin saberlo los horripilantes platos que Tito le había ofrecido, Saturninus mata a Tito, Lucius mata a Saturninus, y por fin acaban proclamándole emperador. El moro Aarón es condenado al palo.
Todos los horrores de Séneca y Ovidio están mezclados y acumulados en este drama sensacional, en versos que a menudo tienen la retórica hinchazón delTamerlán de Marlowe; algún que otro toque de ambiente, como el siniestro zarzal donde tiran el cuerpo de Bassianus, también recuerda y repite sombrías descripciones de Séneca. El drama nos parece caricaturesco e inhumano, aunque es típico del gusto isabelino bajo la influencia de Séneca. Los caracteres están perfilados rudamente, y son bastante pueriles; las situaciones dramáticas están tratadas sin delicadeza.

La comedia de las equivocaciones

La comedia de las equivocaciones
Esta comedia en cinco actos en verso y prosa de William Shakespeare fue escrita probablemente en 1591-92 y publicada en el infolio de 1623. Su fuente principal, directa o indirecta, son los Menecmos de Plauto, pero probablemente la escena primera del acto tercero está basada en el Anfitrión. A ello se le añade una intriga trágica, probablemente sugerida por la historia de Apolonio, rey de Tiro, que Shakespeare había de usar más tarde para su Pericles, príncipe de Tiro. Se encuentran analogías, poco notables, con el "Cuento del Caballero", uno de losCuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer (1340/45-1400), y con la Arcadia de sir Philip Sidney (1554-1586). Mientras Plauto se contentaba con una pareja de gemelos, Shakespeare, con barroca exuberancia, añade una segunda, multiplicando así las posibilidades de equívoco, pero aumentando también lo increíble de la intriga, que sólo puede encontrar justificación en el éxito de farsa de algún episodio.
Habiendo Siracusa condenado a muerte a algunos mercaderes de Éfeso que no tenían dinero para el rescate, Éfeso adopta una medida similar en relación con los mercaderes siracusanos. Egeón, viejo mercader de Siracusa, es condenado a sufrir dicha suerte y explica al duque de Éfeso por qué se encuentra en la ciudad. Había tenido dos gemelos de su mujer Emilia, exactamente idénticos y llamados ambos Antífolo. Dos esclavos, también gemelos y ambos llamados Dromio, nacidos a la misma hora que los otros dos, fueron dedicados a su servicio.

Arresto de Antífolo de Éfeso
En un naufragio, Egeón, con el gemelo nacido en segundo lugar y con uno de los Dromios, se ve separado de su mujer con el otro hijo y el otro esclavo y no ha sabido nada más de ellos. Llegado a madurez el segundo de los gemelos, Antífolo de Siracusa, partió junto con su Dromio en busca de su hermano y de su madre. No se supo más de ellos, por lo que Egeón, durante cinco años, estuvo errando en su busca, y llegó a Éfeso.
El duque, conmovido por el relato de Egeón, le da tiempo hasta la noche para encontrar el dinero del rescate. Precisamente en Éfeso se encuentra el primer nacido de los gemelos, Antífolo (Antífolo de Éfeso) con su Dromio (Dromio de Éfeso) salvados del naufragio. Antífolo de Éfeso vivió allí muchísimo tiempo y se casó con Adriana. Y precisamente llegaron aquel mismo día Antífolo de Siracusa y Dromio de Siracusa. Cada gemelo conservaba una perfecta semejanza con el otro, y de ahí una serie de equivocaciones asombrosas.
Dromio de Éfeso debe solicitar a Antífolo de Éfeso que vaya a su casa para comer, y se lo solicita en cambio a Antífolo de Siracusa. Adriana reclama sus derechos de mujer ante Antífolo de Siracusa, mientras él experimenta mayor simpatía por su hermana Luciana. Dromio de Siracusa, que ha ido con él, es objeto de las desagradables solicitudes de la fregona de Adriana, mientras Dromio de Éfeso se encuentra más tarde, junto con su patrón, con que le cierran la entrada a su casa, pues se cree que ambos están ya dentro.
La aventura se complica con el regalo de una cadena, la intervención de una cortesana, de los invitados, de un acreedor, hasta que Antífolo de Éfeso y su criado son atados como locos; Antífolo de Siracusa y su Dromio, tomados por los supuestos locos evadidos, sufren una agresión y se refugian en un convento, cuya abadesa es precisamente Emilia, también salvada del naufragio, pero separada por los crueles marineros de Corinto de los gemelos confiados a ella (y convertidos luego en Antífolo y Dromio de Éfeso).
Mientras tanto termina el plazo sin que Egeón haya encontrado el dinero del rescate, por lo que es conducido al suplicio, acompañado por el duque. Se presenta al duque Antífolo de Éfeso que, habiendo roto las ataduras con los dientes, ha huido y pide justicia contra su mujer, que le ha dejado fuera de su casa y luego hecho atar como loco. Finalmente, la abadesa hace salir del convento a la otra pareja y, puestos frente a frente, cada cual es reconocido como lo que es. Así Egeón encuentra al mismo tiempo a su mujer y sus hijos y el duque le deja en libertad.
Se ha querido suponer en Adriana, mujer celosa y litigiosa, un retrato indirecto de Anne Hathaway, mujer de Shakespeare, y que el cuadro de la vida doméstica de su marido estuvo sacado de la experiencia del poeta. Pero aparte de esta curiosa suposición y de algún rasgo cómico o sentimental (la declaración de amor de Antífolo de Siracusa a Luciana), el drama es uno de los menos atractivos de Shakespeare. Sin embargo, contiene tal cantidad de donaires y de situaciones grotescas que, aceptada la absurda premisa, no se advierte qué otra cosa mejor podía hacerse: en su tiempo debió de divertir al público como las actuales astracanadas.

Las obras más famosas de William Shakespeare

Incluso las personas a las que no les gusta el teatro o nunca han tenido un acercamiento al arte escénico conocen el nombre de William Shakespeare e inevitablemente alguna de sus obras. ¿Se preguntan por qué? Fácil, sus obras de teatro han sido llevadas a todos lados, desde el cine a la música.

Hamlet - William Shakespeare

Hamlet 
Cuenta cómo el príncipe Hamlet se venga de su tío Claudio, quien asesinó al rey, tomo el trono y se casó con la madre de Hamlet. La obra explora temas como la venganza, la traición, el incesto y la corrupción moral. Hamlet es la obra de teatro más larga de Shakespeare y una de las más poderosas e influyentes tragedias de la literatura. Mientras vivía ésta fue una de las obras más populares de Shakespeare y aun hoy es una de las que más se interpretan del autor. ha inspirado a escritores como Goethe y Dickens y ha sido descrita como "la historia más filmada de la historia después de "Cenicienta". Sin duda es uno de los más grandes dramas alguna vez escritos y en sus siglos de vida ha sido interpretada por los más grandes actores y actrices de sus generaciones.

Otelo el moro de Venecia

Otelo: el moro de Venecia 
Se cree que esta tragedia fue escrita aproximadamente en 1603, la obra gira alrededor de 4 personajes principales: Otelo, su esposa Desdémona, su alférez Yago y Ludovico. Probando su popularidad la obra apareció en siete ediciones diferente entre 1622 y 1705, por sus variados temas -racismo, amor, celos y traición- permanece relevante hasta el día de hoy y es interpretada a menudo por profesionales y la gente común. La obra también ha servido de inspiración para numerosas operas, películas y adaptaciones literarias.

Macbeth - obra de teatro

Macbeth 
Esta es una de las obras de teatro más conocidas de Shakespeare y es su tragedia más corta, posiblemente escrita entre 1603 y 1606 se representa frecuentemente a nivel profesional y amateur por todo el mundo. Ha sido adaptada en película y obras literarias, operas así como también ha inspirado música. La obra habla sobre los peligros del ansia por el poder y la traición entre amigos.
Hay muchas supersticiones alrededor de la obra que dicen que ésta está maldita y muchos actores no mencionan el nombre de la obra en voz alta, en vez de eso se refieren a ella como "la obra escocesa"

El sueño de una noche de verano

El sueño de una noche de verano 
Esta comedia romántica retrata las aventuras de 4 jóvenes amantes, un grupo de actores novatos, sus interacciones con Teseo y Hipólita (príncipe y princesa de Atenas) y con las hadas que habitan un bosque. Esta obra es una de las más populares de Shakespeare.

Obra de teatro Romeo y Julieta

Romeo y Julieta 
Esta obra es la tragedia de dos jóvenes adolescentes enamorados cuyas familias están en duelo, lo que hace su amor inaceptable. El guion ha sido aclamado por su lenguaje y efecto dramático. Es una de las obras más conocidas e interpretadas de Shakespeare. La influencia de la obra aun se ve hoy en día en todos los medios de arte.

Obras

La edad de oro del teatro europeo
En el siglo XVII tuvo lugar un importante desarrollo de la dramaturgia europea, sobre todo en Inglaterra, España, Francia e Italia. Las compañías teatrales seguían siendo en su mayoría itinerantes, pero ya a finales del siglo XVI empezaron a establecerse. Las representaciones de aficionados dejaron de tener su antigua importancia, apareciendo la figura del actor profesional, aunque la situación económica y social de las gentes de teatro continuó siendo muy precaria. Si en Italia el actor gozó de cierta consideración, en Inglaterra la tradición puritana se mostró siempre hostil a los que participaban de un arte tan disoluto, mientras que en la católica Francia la Iglesia negaba los sacramentos a los cómicos. La intervención de las mujeres en los escenarios variaba: en Italia y España las actrices eran admiradas, pero en Inglaterra y en Alemania los papeles femeninos eran representados por muchachos.
Ya desde inicios del siglo XVII, el teatro se desarrolló bajo la protección de reyes y nobles. En Francia, Enrique IV y su esposa María de Médicis invitaron en numerosas ocasiones a compañías italianas, y posteriormente destacó el papel protector del cardenal Richelieu. En Inglaterra, el interés de Carlos I y su esposa, la francesa Enriqueta María, dio un poderoso impulso al género. En Italia las cortes fueron el centro de la actividad teatral, mientras que en Madrid las representaciones reales tuvieron lugar, a partir de 1632, en el palacio del Buen Retiro.

William Shakespeare
Hay que subrayar que a lo largo del período se otorgó una creciente importancia a la preceptiva literaria, aplicada con no menos intensidad a las obras teatrales. Las "reglas del arte" puestas en vigor consistieron, principalmente, en la idea de verosimilitud, en el sentido clásico del decorum (cada personaje debía comportarse según su rango social), en la adecuación del estilo al tema (entre los tres niveles posibles: lírico, épico o trágico y cómico o satírico) y, por último, en las "tres unidades" de acción, tiempo y lugar. Esta normativa se basaba en la Poética de Aristóteles, que se convirtió en un texto canónico insoslayable para la estética literaria. Sin embargo, si bien en Francia las reglas tuvieron un carácter cada vez más imperativo, tanto en España como en Italia fueron solamente respetadas pero muy poco acatadas, y en Inglaterra se ignoraron casi por completo.
La escena inglesa en tiempos de Shakespeare
A finales del siglo XVI, durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, se construyeron en Londres los primeros teatros públicos y estables. Los teatros isabelinos eran construcciones de forma octogonal o circular, hechos de madera, con un patio central a cielo abierto y galerías circundantes. Tenían aproximadamente 25 metros de diámetro exterior y unos diez de altura.
En el patio, los espectadores permanecían de pie. Sobre la plataforma del escenario, en un piso superior sostenido por columnas, se encontraban las dependencias para la maquinaria de efectos especiales y demás accesorios de la tramoya. Aunque la acción dramática se desarrollaba principalmente en el escenario, una galería situada al fondo del mismo era empleada cuando la escena incluía un balcón (como en Romeo y Julieta) o lo alto de una muralla (como en Macbeth). En algunos teatros, una segunda tribuna más pequeña estaba destinada a los músicos.
Al fondo del escenario, dos puertas permitían la entrada y salida de los actores. En los teatros más evolucionados se situaba entre ellas un segundo espacio, de reducidas dimensiones, denominado escenario interior. Separado de la plataforma principal por una cortina, este ámbito servía para recrear ambientes específicos, como dormitorios o cuevas. Por medio de las trampillas distribuidas en el suelo del escenario principal se representaban diversos efectos, como sepulcros o apariciones.
Entre los teatros que se construyeron destacan The Theatre (1576), The Rose (1587), The Swan (1595) y The Globe (1599), que en su forma original o bien reconstruidos permanecieron abiertos en la primera mitad de la centuria siguiente. Hacia 1609 la compañía de Shakespeare se estableció en el teatro privado de Blackfriars, aunque siguió representando en El Globo. Este último, destruido por un incendio, fue edificado de nuevo en 1614.
La obra de Shakespeare
Dentro de ese contexto de renacimiento del teatro europeo, la figura teatral indiscutible en Inglaterra fue William Shakespeare. En su trayectoria pueden distinguirse cuatro etapas. A la primera de ellas (hasta 1598 aproximadamente) pertenecen una serie de piezas juveniles en las que Shakespeare se ciñó a las modas vigentes, adaptando los temas al gusto del público. En este período practicó diversos géneros, desde la comedia de enredo (La comedia de los errores) hasta la tragedia clásica de influencia senequista (Tito Andrónico), pasando por el drama histórico (El rey Juan, Ricardo III, Enrique IV). Otras obras de este momento inicial, como El mercader de VeneciaLa fierecilla domadaRomeo y Julieta o El sueño de una noche de verano, marcan el inicio de una fase de mayor creatividad.
En la segunda etapa shakesperiana, que va de 1598 a 1604, se sitúan las piezas que suelen denominarse "obras medias", caracterizadas por un mayor virtuosismo escénico. Entre las comedias sobresalen Las alegres comadres de Windsor y Bien está lo que bien acaba, mientras que los dramas Julio CésarHamlet y Otelo anuncian ya el período siguiente, conocido como el de las grandes tragedias (1604-1608), en las que Shakespeare bucea en los sentimientos más profundos del ser humano: la subversión de los afectos en El rey Lear, la violenta e insensata ambición en Macbeth y la pasión desenfrenada en Antonio y Cleopatra. La fase final (1608-1611) brilla por su última obra maestra, La tempestad, en la que fantasía y realidad se entremezclan ofreciendo un testimonio de sabiduría y aceptación de la muerte.

Retrato de Shakespeare en la 
primera edición de sus obras
La división en etapas no deja de ser en realidad una convención didáctica por la imposibilidad de datar cronológicamente muchas de sus obras y por la misma heterogeneidad que se advierte dentro de esas supuestas fases en la evolución de su dramaturgia. Sí se sabe que, ya antes de 1594, había trabado amistad con el joven conde de Southampton, Henry Wriothesley, a quien dedicó sus dos poemas narrativos Venus y Adonis (1593) y La violación de Lucrecia (1594), y la mayoría de los Sonetos (posiblemente los del período 1593-97).
De poderse atribuir a Shakespeare, según parece, la segunda y la tercera partes de Enrique VI, la primera fecha con que es posible datar su actividad dramática sería el año 1591; en la redacción de este drama se advierten rasgos cómicos y sentimentales que posteriormente habrían de convertirse en característicos del autor. En el curso de este período inicial Shakespeare ensayó, además del drama histórico, entonces muy de moda, la comedia (La comedia de las equivocaciones) y el género dramático de horror, con Tito Andrónico, el primer drama publicado por Shakespeare (anónimo, en 1594). Esta última obra y Ricardo III revelan la influencia de Marlowe, quien, por su parte, parece haber inspirado en Enrique VI su Eduardo II. Tal conjunto dramático inicial apenas permite descubrir las huellas de un genio.
Se cree que Shakespeare pudo haber pasado, parte del período 1592-94 en el norte de Italia (quizá junto al conde de Southampton), por cuanto al reanudarse la actividad en los teatros luego de la peste que por aquel entonces desorganizó el mundo teatral londinense, nuestro autor presentó una serie de dramas de ambiente italiano en los que muestra una significativa familiaridad con ciertos detalles de la topografía local. Es posible, también, que el dramaturgo recibiera tal información de algunos italianos residentes en Londres; conoció, sin duda, a Giovanni Florio (autor de manuales de conversación italiana y de un diccionario italiano-inglés, así como traductor de Montaigne) en casa del conde, su protector. Éste resultó para Shakespeare un generoso mecenas, y, muy posiblemente, su munificencia permitió al poeta adquirir una participación en la compañía.
Shakespeare dedicó entonces todas sus energías a la composición de dramas, y sólo prosiguió sus actividades de poeta no dramático con algunos sonetos que fueron apareciendo por lo menos hasta 1600 aproximadamente. El periodo situado entre la mitad de 1599 y 1601, o sea entre la marcha del conde de Essex a Irlanda y su fracasada insurrección, coincide con una especie de paréntesis abierto en la inspiración del dramaturgo, el cual, consciente de sus facultades, parece vacilar antes de comprometerlas en empresas de mayor trascendencia que las tres comedias cuyo mismo título podría considerarse indicio de una negligente ligereza:Mucho ruido por nadaComo gustéis y Noche de Epifanía.
A fines del reinado de Isabel, Shakespeare había desarrollado todas las posibilidades del drama histórico y alcanzado sus más altas cumbres con Ricardo II y Enrique IV, continuación del cual, y también de Enrique V, es la comedia Las alegres comadres de Windsor, que algunos tienden a situar hacia 1598; al mismo tiempo, en su actividad de comediógrafo iba explotando los más exquisitos recursos de un género muy apreciado por el público.
Sólo como trágico no había manifestado aún la plenitud de su talento, a pesar de la genial transformación de la vieja fórmula senequista de la tragedia de venganza y horror, evidente en Tito Andrónico, y no tanto en Romeo y Julieta, en la que el terror queda velado por la piedad, y en Julio César, obra en la cual, junto a la persistencia de los temas de la venganza y los espectros, se da el carácter de Bruto, que supera ya los límites espirituales de tal género dramático.
En Hamlet, en cambio, cuya versión original, posiblemente de Kyd, debió de ser un típico drama senequista, la fórmula en cuestión aparece ahogada por la apasionada protesta del protagonista contra los inevitables sofismas del pensamiento, que inducen a ver en las cosas "apariencias", pero no certezas absolutas. En esta obra, cuya nota central se halla en la frase del monólogo del príncipe (act. III, escena I, 85) "los primitivos matices de la resolución se desmayan bajo los pálidos toques del pensamiento", Shakespeare pudo haber experimentado la influencia de la terrible catástrofe de Essex, que ocurrió el mismo año de la composición del drama (1601) y arrastró consigo durante algún tiempo la suerte del protector de Shakespeare.

Lawrence Olivier dirigió e interpretó Hamlet (1948)
La compañía de este último, en realidad, participó indirectamente en la conjura al prestarse a representar Ricardo II poco antes del principio de la insurrección; el partido opuesto a Isabel creyó ver un paralelismo entre la soberana y Ricardo: los partidarios de Essex, efectivamente, pretendían adivinar en la escena de la deposición del rey la de la reina. Sin embargo, la compañía del ilustre dramaturgo no se vio perjudicada en absoluto por el descubrimiento de la conjura. Con todo, el adiós de Horacio a Hamlet moribundo ("Feliz noche eterna, amado príncipe; y coros de ángeles arrullen tu sueño") fue interpretado a finales del siglo XVIII por el gran crítico Malone como una alusión a las palabras semejantes pronunciadas por Essex ante el cadalso el 25 de febrero de 1601: "Cuando mi vida se aleje de mi cuerpo, envía a tus bienaventurados ángeles, para que acojan mi alma y la lleven a los goces del Cielo".
También las comedias escritas por Shakespeare a principios del reinado de Jacobo I, o sea en torno a 1603, revelan un espíritu agitado; la ironía y el disgusto aparecen de varias maneras en Troilo y CrésidaBien está lo que bien acaba y Medida por medida. No hay, empero, ambigüedad en las tres grandes tragedias OteloEl rey Lear y Macbeth, que plantean el misterio de un mal objetivo (El rey Lear, III, 6, 80: "Consideremos, pues, atentamente a Regana, y veamos qué crece en torno a su corazón. ¿Hay, acaso, en la naturaleza una razón que le permita crear corazones tan duros?") y parecen presentar la vida como "un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa" (Macbeth, V, 5, 27). En las tres tragedias en cuestión las pasiones son presentadas en esencia y atribuidas a caracteres primitivos: Lear y Macbeth son jefes bárbaros pertenecientes a épocas muy remotas, y Otelo es un africano.
Macbeth influyó en Antonio y Cleopatra, en la que, sin embargo, un halo casi romántico rodea la tragedia de dos amantes de temperamento y mentalidad tan opuestos que sólo a costa del desastre consiguen obtener lo mejor del otro. Coriolano estudia otro carácter primitivo, de una sola pieza y casi pueril en su generoso espíritu, con el cual contrasta el maquiavélico oportunismo de la madre. Timón de Atenas prosigue la amarga sátira de la ingratitud humana que constituyera el tema de El rey Lear.
Shakespeare, no obstante, dio sólo un esbozo de tal drama, quizá a causa de una crisis o de una enfermedad de las cuales pudiera haber salido con el alma renovada posiblemente por la fe religiosa: en realidad, la concepción del mundo de sus últimas obras dramáticas, y singularmente de La tempestad, puede considerarse cristiana. A fines del siglo XVII el sacerdote Richard Davies declaró que Shakespeare había muerto "papista", o sea en el seno del catolicismo romano; su padre pudo haber sido católico: el nombre de éste figura en una lista de "recusants", o sea de personas, generalmente católicas, que no asistían a las ceremonias de la Iglesia anglicana. Hacia 1610 cabe situar el retorno, de una manera fija, a Stratford, donde Shakespeare pasó tranquilamente los últimos años de su vida; en 1613 escribió, en colaboración con el joven dramaturgo John Fletcher, su último drama, Los dos parientes nobles.
En 1609, sin su consentimiento, se publicó el conjunto de sus Sonetos, auténtico universo de extraordinario rigor formal y profundidad conceptual, que ha planteado a lectores y eruditos una serie de ininterrumpidas ocasiones para el asombro. Un cuerpo de cincuenta y cuatro sonetos de perfección indiscutible, escritos a lo largo de veinte años, que retomó y modificó la tradición petrarquista, con varios hilos argumentales de enigmática definición: los más tempranos están dedicados a un joven bello y veleidoso a quien la voz poética reprocha el desdén y a la vez aconseja que se case, mientras que un bloque posterior se refiere a una dama morena en la que muchos han querido adivinar otro disfraz de sexo. En cualquier caso, la progresión y extraordinaria calidad del conjunto hacen de éste un mundo de insuperable densidad estética.
Las grandes tragedias MacbethOteloHamlet y El rey Lear constituyen espejos del mapa entero de la sensibilidad moderna, ya que se edifican en un mundo, el renacentista, en que la presencia divina empieza a menguar. Por primera vez, la duda frente a la identidad, la vejez, la traición, la ambición e incluso la percepción del mal se muestran en su radicalidad humana. Pero eso no explica su calidad única; sucede que esos caracteres y esos conflictos surgen de una capacidad ilimitada para moldear la palabra en todos los planos. No hay fronteras en Shakespeare: bufones y reyes comparten el mismo rango de problemático diseño, de contradictoria y rica existencia social, verbal y moral. Por eso serán Falstaff, el gordo bufón y soldado presente en varias obras, junto con el viejo rey Lear, dos de los puntos extremos del arco de sus caracteres. En términos generales, lo sublime de las obras de Shakespeare es el retrato de unos personajes a los que se llega a definir con precisión matemática, de forma que esa misma ambigüedad colma su carácter de una extraordinaria riqueza de matices. Por medio de la fuerza del lenguaje, los tipos shakesperianos manifiestan las profundidades de su espíritu y se declaran individuos libres, capaces de elegir su propio destino. En este sentido, su obra es tan moderna y está tan abierta a distintas interpretaciones como El Quijote de Cervantes.
Los avatares de la imprenta
La publicación de sus dramas se hizo sin la participación del autor. Un grupo de editores, poco escrupulosos, dio a la luz textos dramáticos sueltos en cuarto (Quartos), algunos de ellos "buenos", o sea conformes a versiones auténticas y aparecidos con el consentimiento más o menos vago de Shakespeare, y otros "malos"; en cuanto a estos últimos se han supuesto varias procedencias: textos estenográficos, reconstitución de memoria o empleo de copias no revisadas.
En 1619 Thomas Pavier publicó diez dramas sin autorización, y poco después dos autores colegas del ilustre dramaturgo, John Heminge y Henry Condell, iniciaron una edición completa, que, luego de varias dificultades, vio la luz en 1623, por obra del editor William Jaggard, y es conocida como el primer infolio (First Folio); respecto a dieciocho dramas constituye la única fuente existente y, en cuanto a los restantes, salvo Pericles, ofrece textos si no siempre mejores que los de en cuarto, sí, por lo menos, de importancia fundamental.

Edición First Folio de su obra (1623)
La crítica demoledora no ha logrado desechar la convicción según la cual la mayoría de los dramas en cuestión son debidos enteramente a la pluma de Shakespeare, quien, como afirma también la misma opinión, no los habría revisado una vez escritos. Los testimonios de los contemporáneos no permiten creer en pacientes retoques de tales obras por su mismo autor. Con todo, hay que admitir, como es natural, ciertas refundiciones de muchos textos provocados por las necesidades del espectáculo (supresiones e interpolaciones).
Además de los críticos demoledores, que han pretendido ver en los dramas shakesperianos la colaboración de otros dramaturgos, han aparecido en torno a la obra del gran escritor varios herejes que consideran a Shakespeare actor ignorante y mero testaferro y le niegan, por ello, la paternidad de su producción, la cual, según su criterio, sólo puede ser atribuida a personajes extremadamente cultos, como, por ejemplo, el filósofo Francis Bacon, el conde de Oxford u otros candidatos aún más problemáticos. Los datos acerca de la vida de Shakespeare son, en verdad, áridos, y no parecen corresponder a una personalidad tan grande como la de nuestro dramaturgo; sin embargo, hay que reconocerlos también más abundantes que cuantos poseemos respecto de los otros autores isabelinos en general, salvo, quizá, Ben Jonson.