domingo, 22 de marzo de 2015

Las alegres comadres de Windsor

Las alegres comadres de Windsor
Esta comedia en cinco actos y en prosa, con algunas partes en verso, de William Shakespeare, fue escrita probablemente hacia 1598, publicada en ediciones "in quarto" en 1602, en 1619 y en 1630, y en la edición "in-folio" de 1623. El texto de 1602 es incompleto.
Según una tradición, la obra fue escrita en quince días a petición de la reina Isabel, que deseaba ver en escena a Falstaff enamorado. Con todo, parece no tratarse de una mera improvisación, por haber utilizado Shakespeare una comedia ya existente en el repertorio de su compañía. Se trata de La Comedia del celoso, representada en 1593 y basada en una narración italiana (la segunda del primer libro del Il Pecorone), donde el motivo del enamorado escondido en un mueble, común en la novelística italiana, toma la forma del hombre "escondido bajo una montaña de ropa sucia".
En varios de sus personajes se han querido ver caricaturas de personas realmente existentes. Así, los retratos del juez Shallow y su estúpido sobrino Abraham Slender podrían tener por modelo a Sir Thomas Luey de Charlecote, junto a Stratford, quien, según se cree, habría perseguido a Shakespeare cuando éste era joven por haber cazado furtivamente en sus tierras, hecho cuya veracidad es dudosa.
La comedia consiste en el enlace de dos motivos: el de Falstaff que corteja a dos ricas burguesas de Windsor que se burlan de él, y el de Anne Page, a quien sus padres quieren casar. Falstaff, hallándose falto de dinero, decide cortejar a las mujeres de Ford y de Page, burguesas de Windsor, ya que ellas gobiernan el caudal de sus maridos.
Falstaff manda idénticas cartas galantes a las dos esposas, las cuales deciden vengarse de él. Por otra parte, Nym y Pistol, los compadres de Falstaff, despechados porque se ha separado de ellos, avisan a los maridos. Page no se conmueve, y Ford se alegra de la posibilidad de coger "in fraganti" a su esposa.
Falstaff recibe primero la visita de la señora Quickly, sirvienta del doctor Cajus, encargada de hacer el papel de medianera de las dos señoras; ésta asegura a Falstaff que ambas mujeres no desean sino complacerle. Después recibe una visita de Ford disfrazado con las ropas de Brook, que se finge loco de amor por la señora Ford y promete a Falstaff una espléndida recompensa si le ayuda a conquistarla. Falstaff revela que tiene una cita con la señora Ford y promete ceder después el sitio a Brook. Durante la fingida cita se presenta Ford con una turba de amigos para atestiguar el adulterio, y a Falstaff le esconden deprisa y corriendo en un gran cesto de ropa sucia, y después es arrojado con toda aquella ropa al cieno del río.
En una segunda cita Falstaff es disfrazado de mujer gorda, y como tal apaleado fuertemente por Ford. También el marido celoso es burlado dos veces, pero finalmente le descubren el complot y dan una última cita a Falstaff en el bosque de Windsor, donde le asaltan y pellizcan fingidas liadas y duendecillos, y por fin es desenmascarado por Ford y Page.
El enredo secundario representa el cortejo de Anne, hija de Page, por parte de tres pretendientes, el doctor Calus, médico francés; Slender (nombre que se podría traducir por "Esmirriado" o "Enclenque"), bobo sobrino del juez Shallow (cuyo equivalente podría ser "Ligero"); y Fenton, un joven extravagante, amado por Anne. Madona Quickly (como quien dice la señora "deprisa y corriendo"), hace de mediadora entre los tres, y les alienta por igual. Sir Hugh Evans, párroco galés, se interpone en favor de Slender, y es desafiado por Caius, pero sus hostilidades se reducen a que maltraten la lengua inglesa un galés y un francés.
A la última cita dada a Falstaff en el bosque, Page, que favorece a Slender, dispone que éste rapte a su hija, la cual vestirá de blanco, mientras la señora Page, que protege al doctor, dispone que su hija vista de verde, y sea raptada por él. Pero cuando llega el momento los dos pretendientes se hallan entre las manos un muchacho disfrazado, mientras la verdadera Anne ha huido con Fenton, con quien se casará.
Algunos han querido ver en esta comedia una especie de "fabliau" escenificado con todas las características de aquel género un tanto procaz: retratos realistas, maneras burdas, falta de respeto para el matrimonio, placer burgués en maltratar a un patricio mujeriego... Tal vez por estos elementos más continentales que ingleses, y especialmente por el tema sensual en que se basa y la caricatura del cornudo, esta comedia no tuvo mucho predicamento entre los críticos ingleses del XIX; mientras que en nuestras escenas, al elaborar temas brillantes de la novelística italiana, halla divertida y fácil atención. Hábil obra de teatro, se resiente sin embargo de su composición precipitada, compensada a menudo con un brío extraordinario.

El sueño de una noche de verano

El sueño de una noche de verano
Esta comedia en cinco actos en verso y prosa de William Shakespeare fue escrita alrededor de 1595 y representada hacia la misma época; se publicó in-quarto en 1600 y en 1619, e in-folio el año 1623. Shakespeare parece haber bebido en las fuentes más dispares para este drama: en El descubrimiento de la hechicería, de Reginald Scot (1538?-1599) pudo haber hallado las noticias en torno a Robin Goodfellow, mientras que la historia de la transformación en asno se remonta alAsno de oro de Apuleyo, pero pudo tomarla de Chaucer o Plutarco.
Hermia, enamorada de Lisandro, se niega a casarse con Demetrio, contraviniendo así el deseo de Egeo, su padre. Demetrio, por su parte, es amado por una amiga de Hermia, Elena, a la que ha abandonado para casarse con Hermia. Según la ley ateniense, el duque Teseo da a Hermia cuatro días de tiempo para que obedezca la voluntad paterna, transcurridos los cuales habrá de morir.
Hermia y Lisandro se ponen de acuerdo para abandonar Atenas secretamente y casarse donde la ley no pueda alcanzarles. Planean encontrarse en un bosque a unas millas de la ciudad. Hermia revela el plan a Elena, que informa de ello a Demetrio. Demetrio sigue a Hermia al bosque y Elena sigue a Demetrio; de manera que los cuatro se hallan en el bosque aquella noche.
Oberón y Titania, rey y reina de las hadas, que habitan en el bosque, han reñido por causa de un paje. Oberón pide al duendecillo Puck, símbolo de la volubilidad del amor, que le procure cierta flor mágica cuyo jugo, vertido en los ojos de Titania mientras duerme, hará que se enamore del primer ser a quien vea cuando despierte. Oberón oye en el bosque a Demetrio reprochar a Elena que ande siguiéndolo, y deseoso de reconciliarles, ordena a Puck que vierta un poco de aquel filtro amoroso en los ojos de Demetrio cuando Elena esté junto a él.
Puck, tomando a Lisandro por Demetrio, le da el filtro, y como Elena es la primera persona que Lisandro ve al despertar, le dirige palabras de amor; pero no consigue sino irritarla porque piensa que Lisandro se burla de ella. Oberón, descubierto el error de Puck, vierte el jugo en los ojos de Demetrio, de modo que ahora son dos los que cortejan a Elena. Las dos mujeres se pelean mientras los hombres se preparan a desafiarse por Elena.
Mientras tanto Oberón ha puesto el filtro en los párpados de Titania, quien, al despertar, halla a su lado al tejedor Bottom con una cabeza de asno en lugar de la propia: en efecto, Bottom, con una compañía de artesanos atenienses, se halla en el bosque ensayando un drama que ha de representarse para festejar las bodas del duque, y Puck le ha puesto la cabeza de asno. Titania se enamora de él en cuanto lo ve, y le requiebra por su belleza. Los sorprende Oberón, quien compadece a Titania, y después de recuperar al raptado paje, frota los ojos de su esposa con una hierba que la libera del encanto.
Puck, por orden de Oberón, rodea a los amantes humanos y los reúne: mientras duermen unos junto a otros, exprime en sus ojos la hierba que deshace el encanto, de manera que al despertar vuelven a los amores de antes. Se presentan Teseo y Egeo; los fugitivos son perdonados y las parejas se casan. El drama termina con una escena de Píramo y Tisbe recitada de manera grotesca por Bottom y sus compañeros para las bodas de Teseo e Hipólita, reina de las Amazonas.
Los diversos hilos del drama (las bodas de Teseo e Hipólita, la disputa de Oberón y Titania, la fuga de los cuatro amantes, la representación de los artesanos) se enlazan del modo más ágil en un suntuoso tapiz de vivaces colores sobre un fondo de mágica floresta. El mundo clásico y el mundo de las hadas se funden como en un "triunfo" del Renacimiento tardío: en la pareja Oberón -Titania hay un reflejo de la antigua disputa entre Júpiter y Juno, y aquellos dos seres parecen participar de la serena belleza de los dioses de Grecia, mientras Puck pertenece al mundo tenebroso y mítico de la superstición nórdica.
La encantadora ligereza del mundo de los elfos concierta con la vicisitud humana; hasta los movimientos y las pasiones de los enamorados parecen desarrollarse según arabescos de ensueño, se desenvuelven en absurdas dificultades y se disipan en encanto como una danza elegante y abstrusa gobernada por el capricho de Amor. Una alegre y absurda metamorfosis se apodera hasta de los humildes artesanos, que no son fantoches marginales en el cuadro, sino que se hallan envueltos en una misma atmósfera mágica; y Bottom, con la cabeza de asno, y la grotesca representación de "Píramo y Tisbe", no parecen tan emparentados con el mundo clásico de Luciano y de Ovidio como con las singulares invenciones de aquel pintor de absurdos fantasmas que se llamó Hieronymus Bosch. El mundo fantástico de las alegorías del Renacimiento y el mundo amoroso de las novelas caballerescas con sus fuentes que encienden o hielan el amor, hallan aquí su más perfecta y poética expresión.

Romeo y Julieta

Romeo y Julieta
Escrita según unos en 1591, esta tragedia en cinco actos, en verso y prosa, de William Shakespeare, se publicó "in quarto" en 1597, en 1599, en 1609 y en otra fecha imprecisa, y en "in folio" en 1623. Las relaciones entre los diversos textos han sido minuciosamente estudiadas.
El tema de la "muerta viva", destinado a hallar su más elevada expresión en este drama (según el conocido estudio de H. Hauvette, La morte vivante), llega a Shakespeare por conducto italiano, especialmente a través del trabajo de Matteo Bandello (1485-1561), divulgado en el extranjero por Pierre Boisteau. La versión de este último fue a su vez traducida al inglés en el Palacio del Placer de William Painter, e interpretado libremente por Arthur Brooke en el poema La trágica historia de Romeo y Julieta, de 1562, en el que se inspiró Shakespeare.
Se ha intentado establecer una relación entre el drama de Shakespeare y los otros derivados de la misma fuente, el de Lope de Vega (Castelvines y Monteses) y laAdriana (1578) de Luigi Groto, que contiene frases e imágenes que se encuentran también en el drama de Shakespeare, pero que son tan sólo lugares comunes del petrarquismo; además, ambos dramas son completamente diferentes en el modo de tratar el argumento y en el estudio de los personajes.
Los Montecchi (Montagues) y los Cappelletti (Capulets), las dos principales familias de Verona, son enemigas. Romeo, hijo del viejo Montecchi, asiste enmascarado a una fiesta en casa de los Capuletos y, si antes se creía enamorado de Rosalina, ahora descubre que su verdadera pasión es Julieta. Después de la fiesta, los jóvenes se encuentran inflamados en mutuo amor. Y, estando bajo la ventana de Julieta, Romeo la oye confesar a la noche su amor por él, y obtiene su consentimiento para un matrimonio secreto.
Con la ayuda de fray Lorenzo se casan al día siguiente. Mercutio, amigo de Romeo, encuentra a Tebaldo, biznieto de la señora Capuleto, furioso por haber descubierto la presencia de Romeo en la fiesta; Mercurio y Tebaldo riñen. Romeo interviene, y al desafío de Tebaldo responde con palabras que ocultan el nuevo vínculo de parentesco, y rehúsa batirse. Mercutio se indigna ante tanta sumisión y saca la espada. Romeo trata en vano de separar a los contendientes, consiguiendo tan sólo dar ocasión a Tebaldo para herir de muerte a Mercutio. Entonces Romeo se ve arrastrado a luchar y mata a Tebaldo.
Es condenado al destierro y, al día siguiente, después de haber pasado la noche con Julieta, deja Verona para ir a Mantua, siendo exhortado por fray Lorenzo, que entiende que aquél es el momento oportuno para hacer público su matrimonio. Julieta, forzada por su padre a casarse con el conde Paris y aconsejada a hacerlo incluso por su nodriza, que antes había favorecido su unión con Romeo, se deja convencer por fray Lorenzo de que consienta, pero bebiendo la víspera de la boda un narcótico que la hará parecer muerta durante cuarenta horas. El fraile mismo se ocupará de avisar a Romeo, que la sacará del sepulcro a su despertar y la conducirá a Mantua.

Romeo y Julieta (1968), de Franco Zeffirelli
Julieta pone en práctica el consejo. Pero el mensaje no llega a Romeo porque el fraile que debía entregarlo es detenido como sospechoso de contagio; en cambio le llega la noticia de la muerte de Julieta. Compra a un boticario un poderoso veneno y se dirige hacia el sepulcro para ver a su amada por última vez; en la entrada encuentra a Paris y lo mata en duelo. Entonces, Romeo, después de haber besado a Julieta por última vez, bebe el veneno. Julieta vuelve en sí y encuentra a Romeo muerto, con la copa aún en la mano. Se da cuenta de lo sucedido y se apuñala. Este trágico fin es narrado por el fraile (que llegó demasiado tarde para impedirlo) y por el paje del conde Paris. Los jefes de las dos familias enemigas, conmovidos por la catástrofe provocada por su enemistad, se reconcilian.
Ha sido advertido muchas veces por los críticos que ésta no es una tragedia en el sentido que lo serán las grandes tragedias de Shakespeare, ya que no brota de los caracteres, sino que es debida a una fortuita combinación de circunstancias externas, hasta tal punto que en el siglo XVIII se pudo alterar el desenlace del drama haciéndolo feliz. No obstante, la concepción de Shakespeare resulta trágica por las mismas imágenes con que opera, ya que en ellas muestra su visión de la historia de los dos enamorados en su rápida y fatal belleza, casi como un relámpago, encendido de pronto y también súbitamente apagado.
Esta concepción se proyecta sobre un fondo artificial "italianizado", que es el mismo de los primeros dramas de Shakespeare (Los dos hidalgos de Verona, Trabajos de amor perdidos). De todo el teatro shakesperiano, Romeo y Julieta es la obra más rica en metáforas; en las palabras de Romeo, más aún que en los sonetos de Shakespeare, encontramos la influencia de los conceptos convencionales de los precursores del barroco. Pero la artificiosidad, en lugar de ser tan sólo una amena decoración, como en los dramas de John Lyly y de Robert Greene, confiere un acento más patético a la historia humana que rodea, y la angustia y la muerte no son menos reales y conmovedoras por producirse en un melindroso jardín a la italiana y estar rodeados de dulzura.
Grande es la variedad de las notas tocadas en este drama, que resume el período inicial y anticipa el de la madurez de Shakespeare: costumbres artificiosas, agudeza extraña y desbocada, pureza de corazón, ardiente fantasía, apoteosis del amor y de su fúnebre pompa. Por esta mezcla de elementos, el drama fascinó a los románticos, no sólo por sus notas más elevadas (en él se inspirará John Keats, cuyaVíspera de Santa Inés es una variación sobre un tema de este drama), sino también por ciertos motivos macabros, como la escena del panteón (que puede haber influido sobre ciertas narraciones fantásticas de Edgar Allan Poe) y el parlamento de Julieta en la primera escena del IV acto ("Dime que me oculte donde anidan las sierpes...", v. 79 y ss.), que parece haber sugerido muchas situaciones de "novelas negras" de fines del siglo XVIII.
El drama es quizás, entre los de Shakespeare, el más difundido y popular, y son numerosas las imitaciones y derivaciones en todas las lenguas, si bien el valor de éstas sea a menudo muy escaso.

La fierecilla domada

La fierecilla domada
Esta comedia en cinco actos, en verso y prosa, de William Shakespeare fue escrita en 1593-1594, representada en 1594 y publicada en el infolio de 1623. Está basada en una comedia precedente de título ligeramente distinto (Una fierecilla domada). Shakespeare se sirvió de un colaborador, que para la intriga secundaria recurrió a la fuente de los Supuestos de Ludovico Arlosto y a su versión inglesa,Supposes (1566) de George Gascoigne (1525?-1577). Se asignaron a Shakespeare el Prólogo ("Induction") y una serie de fragmentos: acto II, esc. 1, VV. 1-38, 115-326; acto III, esc. 2, VV. 1-129, 151-254; acto IV, escs. 1, 3, 5; acto V, esc. 2, VV. 1-181. Probablemente colaboró también a la escena 2 del acto I, VV. 1-116. En conjunto, cerca de las tres quintas partes del drama, con todas las escenas relativas a Sly y a la trama Petruchio-Katharina.
El colaborador escribió la escena del cortejamiento de Bianca; es menos vigoroso que Shakespeare, aunque bastante capaz. No se le ha podido identificar con plausible aproximación: se han citado los nombres de Thomas Lodge (1558?-1625), de Robert Greene (1558-1592), y de George Chapman (1559-1634), pero sin fundamento seguro. Precede al drama un prólogo en el que un calderero, Cristóbal Sly, es recogido borracho por un señor que vuelve de una cacería, ante una hostería en pleno campo.
Sly es llevado al castillo y le hacen la broma de tratarle, cuando despierta, como si fuese un caballero que, después de largo tiempo, ha recobrado el uso de la razón. Surge así una situación extremadamente curiosa, que hubiese merecido un desarrollo distinto del que recibió: Sly es obligado a escuchar un drama representado especialmente para él, por una compañía de faranduleros; este drama es precisamente La fierecilla domada.
A los pocos versos y hacia el final de la primera escena del primer acto, Sly y los personajes del prólogo desaparecen. Gremio y Hortensio cortejan a Blanca, hija menor de Bautista Minola, rico señor de Padua; pero habiendo decidido éste que Blanca, su hija segunda, se case sólo cuando se haya encontrado marido a la hija mayor, la intratable Catalina, los pretendientes a la mano de Blanca se reúnen para encontrar a un hombre adecuado para casarlo con Catalina.
Finalmente deciden que sea Petruchio (grafía inglesa para dar la pronunciación italiana de Petruccio), noble de Verona, perspicaz e imperturbable. Mientras Petruchio corteja a Catalina, Hortensio y Lucencio (hijo de Vicente, rico mercader de Pisa), uniéndose al grupo de los enamorados de Blanca, se introducen en su casa disfrazados de maestros de la doncella. Entre ellos se halla Tranio, criado de Lucencio, que se hace pasar por el propio Lucencio.
Petruccio hace la corte a Catalina, la fierecilla del título, fingiendo que la encuentra tanto más dulce y amable cuanto más le maltrata; consigue luego llevarla al altar, y tanto en la ceremonia nupcial, como en casa del suegro o en la suya, somete a Catalina a humillaciones y desaires. La priva de comida y de sueño, fingiendo que los alimentos no son dignos de ella y que la cama está mal hecha; le impide que se vista elegantemente, apaleando al sastre y al sombrerero y rechazando sus exquisitos adornos; le obliga a aceptar y repetir sus más absurdas afirmaciones (por ejemplo, que el claro de luna es el brillo del sol, que es por la mañana cuando es por la tarde). Por fin, la vuelve a llevar completamente domada a casa de su padre.

Petruchio (Richard Burton) hace callar a
Catalina (Elizabeth Taylor) en la versión
cinematográfica de Franco Zeffirelli
Blanca es conquistada por Lucencio, mientras el falso Lucencio, Tranio, vence a los demás aspirantes ante el padre de Blanca prometiendo las arras más ricas y haciéndolas garantizar por un pedante, al cual, con el pretexto de un imaginario peligro, le hacen poner las ropas de Vicente. Cuando llega el verdadero Vicente se produce una serie dramáticamente grotesca de equívocos, que al fin se resuelven felizmente. Hortensio se casa con una viuda, y, en el banquete final de las parejas (Petruccio-Catalina, Lucrecio-Blanca, Hortensio-viuda) los esposos apuestan cuál de sus mujeres será la más dócil; Petruchio gana la apuesta. La obra termina con un discurso sobre la obediencia debida a los maridos.
A los motivos vulgares arrancados de la comedia italiana del siglo XVI y, a través de ella, del teatro latino, la obra añade la fresca invención de la doma de la fierecilla, en la que la misoginia medieval (Jean de Meung, Eustache Deschamps) se agudiza en caracterización psicológica. La comedia, que en ningún punto adquiere la antidramática verborrea del teatro italiano del XVI, conserva aún hoy su lozanía y es una de las obras más frecuentemente representadas de Shakespeare.
Farsa bien lograda, no es, sin embargo, más que una farsa, aunque tenga motivos que hubiesen podido llevarla a desarrollos más complejos: como el de Sly, recogido en nuestro tiempo por Gerhard Hauptmann en Sehluck und Jau (1900) y por Giovacehino Forzano en Sly. Pero el tema central, la sumisión de la mujer a la voluntad masculina, es de los que divertirán siempre al público, eterno como los proverbios.

El mercader de Venecia

El mercader de Venecia
Esta comedia en cinco actos, en verso y prosa, de William Shakespeare fue escrita, según algunos, en 1594 (alusión en el acto IV, escena I, a la ejecución del judío Rodrigo López el 17 de junio de 1594, bajo la acusación de haber intentado envenenar a la reina Isabel); según otros, sobre todo por consideraciones de estilo, en otoño del 1596. Las dos fechas podrían conciliarse suponiendo una revisión por parte de Shakespeare. Fue publicada en cuarto en 1600 y en folio en 1623.
Los dos motivos principales del argumento, el del préstamo hecho por un judío a un cristiano por una libra de carne, y el de una elección entre objetos de aparentemente distinto valor, son antiguos y recurrentes. El primero llegó a conocimiento de Shakespeare por medio de Il Pecorone de Giovanni Fiorentino (escrito hacia 1318 y publicado en 1558), y, para el detalle del rapto de la hija del usurero, por medio de Zelauto (1580), relato de Anthony Munday (1553-1603).
El segundo motivo le vino por medio de la versión de Richard Robinson de los Gesta Romanorum (publicada según parece en 1517). Los dos motivos pudieron encontrarse reunidos en un drama preexistente, El Hebreo (1578), que sólo conocemos indirectamente (su argumento era "la codicia de los que prefieren los bienes terrenos y el alma sanguinaria de los usureros"). Shakespeare refundió probablemente este drama, conservando de él alguna parte, quizá los versículos contenidos en los cofrecillos.
Basanio, noble veneciano que ha malgastado su caudal, pide al rico mercader Antonio, amigo suyo, tres mil ducados para poder continuar dignamente su noviazgo con la rica heredera Porcia, que vive en tierra firme, en Belmonte. Antonio, que ha empleado todo su dinero en especulaciones de ultramar, se propone hacerse prestar el dinero por Shylock, usurero judío a quien antes había insultado por la usura que ejercía. Shylock consiente en prestar el dinero bajo una condición: si la cantidad no es pagada el día fijado, Shylock tendrá derecho a tomarse una libra de carne del cuerpo de Antonio.

Al Pacino interpretó a Shylock
en El mercader de Venecia (2004)
Porcia, por disposición testamentaria de su padre, se casará con el pretendiente que entre tres cofrecillos (uno de oro, uno de plata, otro de plomo) escoja el que contenga el retrato de ella. De todas partes llegan ilustres aspirantes; fracasan el príncipe de Marruecos y el de Aragón, que abren respectivamente el cofre de oro y el de plata; pero Basanio, con sensata reflexión, escoge el buen cofrecillo, el de plomo, y se casa con Porcia, que lo ama, y su amigo Graciano con la doncella de Porcia, Nerisa.
Mientras tanto llega la noticia de que los navíos de Antonio han naufragado, que su deuda no ha sido pagada dentro del plazo convenido, y que Shylock pide su libra de carne. El asunto es llevado ante el Dux. Porcia se disfraza de abogado y Nerisa de escribano y, sin saberlo sus maridos, se presentan ante el tribunal para defender a Antonio.
Después de haber intentado en vano obtener el perdón del judío, ofreciéndole el triple de la cantidad debida, Porcia solicita que sea concedida la petición del hebreo, pero le advierte que perderá su vida si derrama una sola gota de sangre, puesto que la obligación sólo le da derecho a la carne. Argumenta después que Shylock debe pagar con la vida el delito de haber atentado, siendo extranjero, contra la vida de un ciudadano de Venecia.
El dux perdona a Shylock la vida, pero asigna la mitad de sus riquezas a Antonio, y la otra mitad al Estado. Antonio renuncia a su parte si Shylock se hace cristiano, y deja su caudal, cuando muera, a Jésica (hija de Shylock), que ha huido, después de haber tomado dinero de los cofres del padre, para casarse con un cristiano, Lorenzo, y por ello ha sido desheredada. Shylock acepta; Porcia y Nerisa, que no han sido reconocidas, piden por toda paga los anillos que Basanio y Graciano recibieron de sus esposas, y de los cuales prometieron no separarse nunca. Ellos los ceden después de haber resistido en vano. Al regresar a su casa sus esposas les reprueban aquella acción, pero al fin les revelan su añagaza. Finalmente se sabe que tres de los buques de Antonio han regresado sanos y salvos.
El drama figura entre los más famosos y afortunados de Shakespeare, sobre todo por el personaje de Shylock, trazado con robustez y veracidad y que ha movido siempre a los grandes actores a representarlo. Tiene escenas que figuran entre las más dramáticas y brillantes que Shakespeare escribió: la escena del contrato (I, 3); aquella en que Shylock se lamenta por la fuga de su hija con su dinero (III, 1); la de la elección de los cofrecillos por parte de Basanio (III, 2); la escena ante el tribunal de justicia (IV, 1); y la de la música al claro de luna (V, 1). En fin, la habilidad con que Shakespeare ha combinado motivos diversos y pintorescos y la conclusión del drama, que celebra la victoria de la caridad sobre la rígida justicia (motivo que Shakespeare volverá a tratar en Medida por medida), han ejercido su hechizo en el público teatral de todas las épocas.
Algunas incongruencias y prolijidades del drama casi desaparecen en la fiel construcción del conjunto. Se ha llamado la atención acerca de la atmósfera de la obra, que tiene carácter italiano no sólo por los nombres de los personajes y alguna alusión precisa (mención del Rialto, pontón que une a Venecia con la tierra firme, y de la exacta distancia entre Belmonte, esto es, Montebello, y Padua), sino también por cualidades más generales que han hecho ver a un crítico (A. Quiller-Couch) los dos aspectos del Renacimiento, el mundo de los ricos mercaderes y el refinamiento artístico de las costumbres, simbolizado por Venecia y Belmonte; una atmósfera italiana que no tiene en modo alguno la calidad siniestra de los dramas isabelinos.
Aunque el tema central (la extracción de la libra de carne) sea tan cruel y trágico, Shakespeare hábilmente distrae de él al espectador mediante las escenas que se desenvuelven en la villa de Porcia; de manera que, por ejemplo, después de la escena culminante del proceso, que dejará una impresión fuerte y amarga, podemos deleitarnos en la sublime poesía de la noche lunar, con la música y el diálogo de los amantes.

Ricardo III

Ricardo III
Este drama histórico en cinco actos, en prosa y en verso fue escrito por Shakespeare hacia 1593 e impreso en in-cuarto en 1597, 1598, 1602, 1605, 1612, 1622, y en in-folio en 1623. Los hechos históricos están casi todos tomados de las crónicas de Edward Hall o Halle (La unión de las dos nobles e ilustres familias de Lancaster y de York, 1548) y de Raphael Holinshed, ambas basadas, a su vez, en las Anglicae Historiae (1534) de Polidoro Virgili de Urbino (1470-1555?), y en la incompleta Historia del rey Ricardo Tercero (1513), atribuida a Thomas More.
En el centro del drama se halla el personaje del usurpador Ricardo, duque de Gloucester, aparecido ya en Enrique IV. Ricardo, escondiendo bajo benignas apariencias sus diabólicos planes, hace que su hermano Eduardo IV sospeche del otro hermano, Jorge, duque de Clarence, y lo ponga en prisión; luego hace que sus sicarios lo maten y arrojen a una cuba de malvasía. Ricardo corteja a Ana, viuda de Eduardo, príncipe de Gales, en tanto ella sigue al féretro de su difunto marido, episodio que hace pensar en la famosa situación de la matrona de Éfeso en elSatiricón de Petronio, porque Ana, después de haber insultado a Ricardo, cede a sus pretensiones de amor.
Muerto Eduardo IV, Ricardo, convertido en protector del reino durante la minoría de edad de Eduardo V, conspira para usurpar el trono. Recluye al joven rey con su hermano Ricardo en la Torre de Londres, y con la ayuda del duque de Buckingham se hace proclamar rey. Hace asesinar en la Torre a los hijos de Eduardo IV, y quita de en medio a los pares no partidarios suyos: Hastings, Rivers y Grey.

Lawrence Olivier en Ricardo III (1955)
Para fortalecer su posición, el usurpador repudia a Ana para casarse con su joven sobrina, Elisabeth de York, hija de Eduardo IV, y, en una escena parecida a la de la conquista de Ana, persuade a la viuda de Eduardo IV, la reina Elisabeth, a consentir en el matrimonio. El duque de Buckingham se rebela ante la ingratitud de Ricardo, declarándose por el conde de Richmond, pero es capturado y condenado a muerte. Por fin las tropas del usurpador combaten con las de los rebeldes en Bosworth (1485) y Ricardo, después de una noche atormentada por la espantosa visión de sus víctimas que se le aparecen (escena que no se cree de Shakespeare), es muerto en la batalla. Richmond asciende al trono con el nombre de Enrique VII.
Entre las mejores escenas figura aquella en que la vieja reina Margaret, viuda de Enrique VI, maldice a los demás personajes del drama, culpables de la pérdida de su marido y de los suyos; sus maldiciones, según muestra el desarrollo del drama, se cumplen, por lo que la figura de la anciana cobra casi la categoría de una Erinia. El estilo es amanerado y retórico, con repeticiones de comienzos de versos y otros artificios, tales como invectivas e imprecaciones. De un extremo a otro lo recorre como motivo dominante la palabra "sangre". El carácter de Ricardo, aunque poco sutil, resulta muy vigoroso.
Psicología y estilo han parecido demasiado elementales para ser de Shakespeare, pero la obra muy bien puede ser suya, si se piensa no en el Shakespeare de las grandes tragedias de la madurez sino en el de las primeras tentativas, todavía influidas por sus predecesores, sobre todo por Christopher Marlowe (1564-1593). El episodio de la muerte de los jóvenes hijos de Eduardo, narrado por un personaje que ejerce la función del mensajero de la tragedia clásica, es famoso, y sugirió un cuadro muy notable de Paul Delaroche (1797-1856). Es también famosa la exclamación de Ricardo, que busca una nueva cabalgadura en la batalla de Bosworth: "Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo".

La vida y la muerte del rey Juan

La vida y la muerte del rey Juan
Este drama histórico en cinco actos y en verso fue refundido por Shakespeare a partir de un drama preexistente, El turbulento reinado del rey Juan, publicado en dos partes en 1591. La revisión, que Shakespeare marcó con su superior genio dramático y poético, se hizo quizás en 1596-97 y no se imprimió hasta el infolio de 1623.
El drama, que no sigue con demasiada fidelidad los acontecimientos históricos (es extraño, por ejemplo, que no se cite la Carta Magna de 1215), trata los principales episodios del reinado del tiránico y astuto Nerón inglés, especialmente la eliminación de su joven sobrino Arturo; en una de las escenas más vigorosas (la tercera del acto tercero), el rey excita a Humberto de Burgh a que lo quite de en medio, porque se cruza en su camino hacia el poder.
Humberto se apresta a privar a Arturo de la vista con hierros candentes, pero el joven, en una escena patética (IV, 1) consigue conmoverlo; sin embargo, más tarde, Arturo se mata al saltar los muros del castillo. El dolor de Constanza, madre de Arturo, ante la noticia del encarcelamiento de su hijo está reflejado con mucha eficacia, y los últimos instantes del rey Juan, en Swinstead Abbey, están pintados de modo que mitigan la odiosidad del protagonista.
Pero el personaje más notable del drama es quizás el bastardo Felipe Faulconbridge, en quien se resume el espíritu de intriga, aventura y avidez de poder que domina el drama. Su hermano Roberto intenta promoverle un proceso con motivo de su patrimonio, y ello le hace reconocer precisamente como hijo natural de Ricardo Corazón de León.
El drama, aunque poco notable desde el punto de vista literario, ha disfrutado siempre de mucho éxito en los escenarios ingleses, especialmente por tratar el conflicto entre la monarquía inglesa y el papado, y ofrece momentos dramáticos de efecto y posibilidades de poner en escena costumbres pintorescas. Su principal interés crítico radica en la posibilidad que nos ofrece de estudiar de cerca la técnica de Shakespeare, pues es el único drama del que se conserva la redacción anterior a la shakesperiana.